Los proyectos de Marta Minujín: “derribar los mitos universales para construir nuevos”

Pin It

Una incansable Marta Minujín desarrolla su pasión por el arte en este contexto con un gran cuadro en negro titulado “Pandemia”, mientras proyecta “seguir acostando mitos”, como el de la estatua de la Libertad en Nueva York y otro más lejano que la entusiasma: montar una gigantesca pelota de 15 metros de diámetro toda recubierta de dulce de leche.

“Será como comerse el mito argentino que es el fútbol, pero con dulce de leche, que es un invento nacional”, anticipa Minujin.

El juego entre lo efímero y la permanencia, la aparente superficialidad, la transformación conceptual de los recorridos posibles de lugares emblemáticos, así como los mitos universales a ser derribados para construir nuevos, es parte de la gran apuesta vital que propone Minujin a través de su cuenta de Instagram @martaminujin.

Por estos días, la artista alterna su firma en la propuesta de Artistas visuales autoconvocades, su recuerdo de Christo, el artista búlgaro que murió en mayo pasado, a quien define como su “hermano en el arte imposible y el gigantismo delirante siempre fiel a sus ideas”, la reproducción de su intervención de un día en la cuenta del Malba, y los avances de su trabajo actual, que invita a recorrer.

Su nueva creación se llama “Pandemia”, un cuadro grande -como el resto de sus obras- pero esta vez sin los habituales colores flúo que utiliza desde 1965. El nombre de la propuesta es un reflejo de lo que se está viviendo: acostumbrada a usar “miles de colores -sostiene- esta obra es “a única que va a terminar siendo negra, todo influenciado por lo que pasa, por la situación”.

“Me desespera cuando se me terminan las tiritas que hago. Primero pintás la tela y después se corta en tiras, finitas”, cuenta Minujin a Télam. Y prosigue: “cuando se me acaba la tela me enloquezco”. Esas tiras las va pegando sin plan previo. “Hasta que esté todo eso cubierto voy a tardar como cinco meses”, afirma.

Las restricciones por la pandemia, no parecen detener a la artista, que continúa con los preparativos de la puesta renovada de “La Menesunda” (1965 ) en el Tate de Liverpool (Inglaterra), que reabrirá sus puertas el 27 de julio. La inauguración programada para el 28 de octubre de este año, pospuesta ante la emergencia sanitaria, sería en abril de 2021, aunque la cuarentena por el coronavirus retrasó algunos proyectos y habrá que ver si hay alguna reprogramación. “Posiblemente se haga en abril la Menesunda si es que no viene otra pandemia por la que tengan que volver a cerrar los museos. Está programada y toda armada para que se haga. Se hace, a no ser que venga una catástrofe mundial”, apunta.

En referencia a su proyecto de acostar la estatua de la Libertad, cuenta que la invitaron a hacer una exposición en el Jewish Museum de Nueva York, museo ubicado en la 5ta avenida, frente al Central Park, en 2022. 

“Todo es posible -dice-, porque mi arte es un arte imposible, pero al final termino haciéndolo después de unos años. Así como acosté el Obelisco (1978) o hice el Pan Dulce (1979), siempre hago proyectos increíbles. Va a ser como el Lobo marino de Mar del Plata (2014). La estatua de la Libertad acostada, en estructura de hierro en donde van adosadas hamburguesas, como te las dan en los restaurantes, bares, pero de plástico. Todo imitación hamburguesas, miles y miles, como 50000 hamburguesas, pero de plástico por lo que puede llover, puede pasar de todo”.

“La idea es acostar el mito con la idea nacional de ese país, por eso la hamburguesa, porque es típica de los norteamericanos”, explica y acota que se encuentra en busca de financiamiento para esta obra. 

Como en el caso del Lobo Marino de Alfajores, que montó frente al Museo de Arte Contemporáneo (MAR) en Mar del Plata: “La gente arrancó los alfajores” -el envoltorio del alfajor inflado con aire comprimido- y esas 35000 cubiertas fueron canjeadas por alfajores verdaderos”, evoca.

A diferencia de otros eventos efímeros, la estructura del Lobo marino fue luego recubierta de alfajores de aluminio anodizado, siendo “la única obra que quedó porque todas las otras se las llevó el público, se las comió”, acota.

“Mi obra de arte efímera se convirtió en eterna (Mar del Plata, 2014)”, consigna. Con la estatua de la Libertad, ya no será posible la permanencia en el tiempo: “La voy a tener que sacar porque no me van a dar permiso para más tiempo, pero va a estar acostada, va a ser arte efímero. Pero lo voy a hacer”, se entusiasma. 

Otra idea que tiene en mente y espera concretar es la de la pelota de fútbol recubierta de dulce de leche. “Una pelota gigante de 15 metros de diámetro, y que grúas gigantescas jueguen al fútbol, se la pasen de un lado a otro, mientras la gente mira y después la depositen en una plataforma. Pelota recubierta de dulce de leche sólido para que la gente se lo lleve y se lo coma. Es como comerse el mito argentino que es la pelota de fútbol, pero con dulce de leche que es un invento nacional”. 

Ante la pregunta ¿por qué acostar al mito?, Minujin explica: “El mito es consumido por la gente para crear nuevos mitos. Por ejemplo, la gente va a París y se sube a la tour Eiffel, en Nueva York la estatua de la Libertad, en Pisa a va a la torre de Pisa, al Arco de Triunfo en París. Ahora que estamos en el siglo XXI deberíamos ser capaces de crear nuevos mitos universales, pero no seguir con estos”.

Y propone: “A lo mejor sería un cohete gigante, como el cohete que va a la luna, en vez del obelisco. Tenemos que inventar, en la era digital, con rayos láser; un arco iris al revés, rayos láser gigantes que sean un monumento de luz sólo. Incorporar toda esta tecnología a lo ganado en estos siglos de progreso -se explaya-. No puede ser que todavía vayamos a Egipto a ver las pirámides, a Grecia a ver el Partenón, por eso hay que inventar nuevos mitos, del tercer milenio”.

¿Qué serían estos nuevos mitos a inventar? “Lugares de referencia a donde la gente va. Por ejemplo, la gente todo lo festeja en el obelisco, que es el ombligo de Buenos Aires. Si el obelisco estuviera acostado sobre la 9 de Julio, ¿cómo cambiaría las manifestaciones públicas? Un montón, porque unos estarían de un lado y los otros del otro -asegura- La gente tendría que recorrer los 74 metros para dar la vuelta y cambiaría la manera de manifestarse de la la gente también”.

“El recorrido es horizontal, porque caen los mitos. Tienen que caer estos mitos y la gente se va a mover por el mundo por otros lugares, no siempre por París, Nueva York, Roma… podríamos llegar a cambiar la historia. Mucha gente dice que esta es como la gran guerra mundial, la tercera, y que después va a venir otro virus peor. Un virus lo puede pensar una persona”, analiza Minujín y cierra: “como la madrastra de Blancanieves que inventaba pociones”.

Agencia Télam – Mariana Sepúlveda