Alejo de Palma – Una forma de vida

Vivo en el río”, confiesa Alejo De Palma. Y lo entiende como un estilo de vida más allá de las necesidades tecnológicas del Siglo XXI. La rompe en el deporte del esquí náutico bajo la especialidad del wakboard. Fue campeón del mundo en Cancún en 2015 y aspira a seguir cosechando logros de cara a los Panamericanos y el próximo mundial.

Como todos los que quieren desarrollarse en este deporte en el país, se encontró con obstáculos económicos y operativos. Pero supo sobrellevarlos con el apoyo de la familia y la convicción del amor por esta disciplina. Tiene una casa en la isla, sus objetos personales, su tabla y no mucho más. Pronto parte para Méjico en donde dará clases por los próximos 5 meses y se seguirá entrenando para las futuras competencias.
Sus más de 20 años en el esquí, las ganas de superación, sus contra-dicciones y su forma de ver la realidad hacen de Alejo a un personaje del río de Rosario. Aquellos que van hace años a navegar lo conocen, no se puede soslayar su presencia.

¿Cuál es tu especialidad dentro del deporte y por qué?

A lo que es el esquí náutico, se añadió el wakeboard. Comparado con otros deportes, el wakeboard tiene más variedad de trucos, al menos eso es lo que yo encontré para comenzarlo. Te da más composición, más adrenalina en sí y eso hace al deporte muy llamativo, te atrae.

¿Cuándo te iniciaste en el wakeboard?

Arranqué a los 4 años como hobby, me enseñó mi papa a esquiar. En el 96 llegaron las primeras tablas de este deporte y las comencé a probar. Eran más largas y venías con zandalias, nada de botas modernas como vienen ahora.
Me apoyaron marcas de tablas y de indumentaria, con viáticos y dinero. Todo fue ayudando para que uno crezca en el deporte y representar a ciertas marcas relacionadas te posiciona y eso es muy bueno.

¿Objetivos a corto y mediano plazo?

Mis objetivos lo fui cumpliendo. Uno fue en 2015 cuando salí campeón mundial en Cancún, Méjico. Fue un sueño, un objetivo que venía persiguiendo. Ahora me quedan un par de años más represen-tando al país en el próximo Mundial en Colombia. Y también los jue-gos panamericanos, en los últimos que competí fueron en Toronto, y logré la sexta posición.
Tengo una escuela de wakeboard en Rosario, de wakeboard en lancha. Este verano que pasó también inauguramos el primer cable de wakeboard en Uruguay, en José Ignacio que se llama “El refugio Wakeboard Park”. La idea es seguir sumando adeptos al deporte para que crezca.

¿Te fue difícil el progreso en el deporte al no ser uno tradicional? ¿Conseguiste apoyo siempre?

El deporte en lancha es difícil. Primero por los costos, la náutica en este país es carísima, y año a año es peor. Inclusive para un nivel como el mío de alto rendimiento ya hay que traer lanchas de afuera, se encarece mucho en dólares.

A partir de mis logros apareció el Enard, donde estuve becado varios años y tuve muy buen apoyo. Viajé mucho, competí. Ahora se acabó pero sirvió mucho esa beca. Al principio fue todo a pulmón, bancaron mis viejos. Después trabajando y compitiendo, haciendo las dos cosas. Claro que cuesta estar lejos de la familia, de los amigos; hay que dedicarle para llegar a lo más alto del podio.

¿Venís de familia de la náutica?

Mi familia siempre me apoyó. Mi hermano vive a la par mía entrenan-do, viajando. En este deporte siempre necesitás alguien más y es mi hermano el que tengo al lado. Me aconseja, me coachea, hace todo. Y viceversa yo con él. Por eso pudimos crecer juntos. A mi familia siem-pre le gustó el río, pero también jugué tenis, fútbol y hockey donde llegué al seleccionado. Dolió abandonar a los 16 años todos esos deportes pero de ahí en adelante me aboqué siempre al wakboard.

¿Cómo ves a la náutica en Rosario?
¿Virtudes y falencias?

Qué pregunta. Tenemos tanto río y estuvimos tanto tiempo de es-paldas al río. Pero estos últimos 3 o 4 años hubo un auge muy fuerte en donde se hicieron guarderías nuevas, se sumó gente nueva al río, crecieron paradores y se está armando un delta como en Buenos Aires. Como falencia se perdieron ciertas reglas del río. Lo que es lo cotidiano. Ahora la gente por ahí viene a tomar, también el tema de la mugre y contaminar el río. Antes era otra cosa, vos cruzabas con cualquier embarcación y te saudabas. Era todo un ambiente el del río, que hoy ya no es. Se han perdido los valores con esa masividad y cuesta hacerle entender a los que se suman cuáles son las reglas.

¿Por qué el río?

Vivo en el río, con la escuela Rosario Wakboard School. Tengo calen-tadores, baterías, luces led. Es otro estilo de vida, a uno le gusta estar conectado con la naturaleza. Creo que eso no tiene precio.
Gustavo Abbate | Txt: Andrés Cánepa